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“Y es que aunque la filosofía de la orientación consista en resolver con tus propios recursos y habilidades, tramo a tramo, el problema planteado por el trazador del recorrido, no es nada fácil abstraerse de todo lo que nos rodea. Ya sea por la indecisión que conlleva la inseguridad, por precipitación, desconfianza, nervios o incluso por no querernos parar un momento a comprobar nuestra situación en el mapa, nos dejamos influenciar negativamente por otra gente.

En cada carrera acontecen múltiples episodios de estos y debemos saber reaccionar, ya que por lo general solo nos ayudan a perder tiempo.

Menos involuntarios y más evitables son los casos de seguimientos indiscriminados o las constantes charlas en carrera.

Exceptuando las categorías absolutas, el resto de orientadores sufren en cada prueba los asaltos de desesperados que ven en el hecho de preguntar la vía más fácil y directa de saber dónde se encuentran. Así solo consiguen engañarse a si mismos. Aparte, claro está, de facilitar o dar pie al despiste y pérdida de concentración de los demás participantes. ¡Qué ya no sómos niños! Y dar alguna vueltecilla de más por el monte para reorientarnos suele ser muy saludable, y sin duda seguro que podremos aprender alguna cosa nueva. Además, sintiendo la tan gratificante satisfacción que nos invade cada vez que llegamos a una baliza con tan solo la ayuda del mapa y la brújula.”

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Autor: Roger Casal, Campió d’Espanya d’orientació.

Extret de la revista TRAIL (nº11, març/abril 2007)